Los piercings no son nocivos para boca, pero si te decides por ponerte uno debes ser consciente de que conllevará ciertos riesgos para tu boca y dentadura. Toda modificación de nuestro cuerpo nos obligará a tener cuidados especiales con la zona y a vigilar el desarrollo de la nueva parte. Y es que cuando introducimos un cuerpo extraño es posible que nuestro cuerpo tenga que hacer ajuste o intente rechazarlo. Los piercings que más problemas producen en la boca son los de lengua y labios, y hoy, desde el Blog de Clínica Dental Higueras, te contamos por qué.
En el peor de los casos, un piercing puede acabar por provocar recesión gingival, una condición durante la cual el tejido de las encías retrocede hasta enseñar demasiada superficie dental. Sin embargo, no todos los piercings terminan tan mal, todo dependerá de la calidad de los materiales empleados y de la experiencia del que lo coloque en su lugar. Los cuidados posteriores después de su colocación también parecen tener una enorme importancia en las potenciales consecuencias de un pendiente para tu boca.
Adaptación a tu boca
Inmediatamente después de la colocación de un piercing es esperable que aparezcan en la boca síntomas temporales como la inflamación, dolor y un sangrado esporádico. Además pueden surgir dificultades para hablar y masticar, aumento de la salivación y alteraciones del gusto. En algunas ocasiones podrían surgir reacciones alérgicas frente a las que deberíamos retirar el piercing de forma inmediata.
Estos síntomas deberían remitir inmediatamente, y si no lo hacen tendrás que acudir a tu médico o dentista para que pueda encontrarse una solución antes de que el daño sea mayor. Sin embargo, a medio plazo pueden aparecer síntomas derivados del contacto entre el piercing y el resto de la boca como fisuras, abrasiones, úlceras o un crecimiento exagerado del tejido de las cicatrices en torno a la nueva pieza.
Una vez el piercing ya haya sido aceptado por el cuerpo, éste necesitará de cuidados especiales. La placa y el sarro también pueden acumularse en ésta pieza, de modo que tendrá que vigilarse y limpiarse con cuidado para evitar la inflamación del tejido. Además, el constante contacto entre el piercing y encías puede acabar por provocar la retracción de las encías y dañar la raíz que soporta el diente. El roce entre metal y esmalte puede provocar desgaste y pequeñas fracturas en los dientes.
Aunque ninguna de éstas consecuencias tiene porqué ocurrir necesariamente, ponerse un piercing te obligará a estar especialmente vigilante y a cuidar la zona; ya que es un factor de riesgo que podría complicar la salud de tu boca.
En la Clínica Dental Higueras, somos expertos en el cuidado de tu boca, no importa las modificaciones que hayas hecho a su alrededor. Nuestros experimentados dentistas están enteramente a tu disposición para vigilar tu boca y ofrecerte los tratamientos que necesitas para mantener tu dentadura en plena forma.